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Museo Roca - Instituto de Investigaciones Históricas

¿De qué hablamos cuando hablamos de fronteras?

Cuando queremos analizar hechos tan trascendentes como la “Conquista del Desierto” o el Período de Organización del Estado Nacional, es fundamental tomar en consideración que éstos son parte de un proceso donde se conjugaron diversos elementos, entre estos las fronteras que “separaban" a la sociedad criolla respecto a las sociedades indígenas. Esta división no significó un muro que separó personas a uno y otro lado. Por el contrario, se entablaron múltiples y complejas relaciones a través del tiempo.

    El estudio de las relaciones de frontera entre la sociedad criolla, el Estado argentino y las comunidades indígenas es un tema fundamental para el Museo Roca-Instituto de Investigaciones Históricas. Fue justamente Julio A. Roca quien en 1879, en calidad de Ministro de Guerra y Marina de la Nación, lideró la campaña conocida como “Conquista del Desierto”. El ejército argentino avanzó militarmente sobre las sociedades indígenas, desplazándolas e incorporando miles de hectáreas de tierras al mapa nacional. Este episodio clave de la historia argentina es materia de un intenso debate historiográfico y político.  Además nuestro Museo posee un valioso patrimonio fotográfico vinvuado con la "Conquista": los álbumes de Antonio Pozzo (1879) y Carlos Encina y Edgardo Moreno (1883), quienes retrataron el proceso de “Conquista” y la vida en las fronteras. Asimismo, el Museo posee fondos documentales en torno a esta problemática. 

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Mapa “fronteras con el Desierto” 1779-1883. (En Ocupación de la llanura pampeana; p. 30. Municipalidad de la provincia de Buenos Aires, 1979).

    La historia de fronteras presenta una gran complejidad y muchos posibles abordajes. En esta nueva sección iremos compartiendo contenidos en torno a estos temas: artículos, fotografías, entrevistas, que surgen del patrimonio de los museos y de un profuso y diverso campo de investigación académico. Pero algo es fundamental como punto de partida, que es saber de qué hablamos cuando hablamos de fronteras. 

Fronteras que no son muros 

    “Tierra adentro” era la expresión que los indígenas solían utilizar para definir su lugar en el mundo, lejos de las alteridades. Ese refugio les permitió mantenerse con relativa libertad hasta finales del siglo XIX. La clase dirigente se proponía extender las fronteras del Estado mediante la conquista y colonización. Esto supuso una guerra contra los indígenas soberanos que habitaban esos espacios, así como la desarticulación de las comunidades. La meta era la obtención de cientos de miles de hectáreas para incorporarlas como tierras productivas en el marco del nuevo modelo agroexportador. También el Estado se propuso ocupar este territorio definitiva ante la amenaza muy presente de una guerra con Chile, por las disputas abiertas en torno a la región patagónica. 

    La llamada “Conquista del Desierto” no fue más que la culminación violenta de una prolongada historia de relaciones entre el Estado, la sociedad criolla y los pueblos indígenas que habitaban la región pampa-patagonia. Claramente este espacio no era un desierto, sino que estaba habitado desde hacía muchos siglos por sociedades indígenas diversas.

    La cuestión de las fronteras se remonta al inicio del período colonial, cuando la conquista y colonización fueron delimitando los territorios que iban quedando en manos de los conquistadores. Extensas regiones quedaron fuera del control directo de los españoles, en parte debido a la inmensidad de las tierras. Así, se fue construyendo un gran y permeable límite, donde se mantuvieron todo tipo de relaciones entre los criollos y los pueblos indígenas: económicas; sociales; políticas y culturales, que desde ambos lados supieron ser aprovechadas. Del mismo modo, la Cordillera era un corredor de permanentes intercambios entre los distintos grupos indígenas, quienes tenían estrechos lazos con aquellos que se encontraban del otro lado (hoy Chile). 

    A lo largo de la frontera, el comercio fue una de las bases principales de las relaciones interétnicas. Muchos criollos, delincuentes fugados y refugiados políticos entre otros, vivían en las tolderías. También tribus enteras se establecían como aliados o “indios amigos” dentro del límite de los fuertes militares. Eran muy comunes los contactos con viajeros, científicos o aventureros que, fascinados con el paisaje y el estilo de vida seminómade de los nativos, llegaban a la Patagonia y trataban transitoriamente con los indígenas. Algunos, incluso, se quedaban a vivir entre ellos. 

    Muchos “indios lanceros” participaban activamente en las distintas batallas libradas, combatiendo en uno u otro bando. Lo mismo ocurría con los jefes de frontera y caudillos, quienes intervenían en disputas entre tribus y caciques. Así, tribus grandes como la de Sayhueque, solían apoyar al ejército argentino, aunque en ocasiones terminaron uniendo fuerzas al cacique rebelde Namuncurá, en sus rebeliones contra el Estado Nacional.

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Indios amigos. Cacique Valentín Sayhueque, uno de los más importantes de la Patagonia argentina. Foto: c.1900. AGN

    La presencia de las mujeres era muy importante en la vida de fronteras. Muchas eran llevadas por el ejército a las diversas expediciones civiles y militares. Asimismo, había mujeres indígenas que iban a vivir a los fortines luego de los “malones blancos”. En algunos casos las indias capturadas se casaban en segundas nupias  con miembros de la tropa.

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“Tehuelches”. Autor sin identificar. c.1900. Sección Antropología, Museo de La Plata

    Por último, y no menos importante, se encontraba la tropa. Ésta estaba conformada por criollos de la zona pampeana, criollos mestizos y negros, quienes compartían la vida seminómade con un uso exclusivo del caballo. Se alimentaban casi exclusivamente de carne, yerba y el tabaco y eran amantes de la vida "sin ataduras". El coronel Racedo cuenta en una de sus memorias, que los soldados muchas veces no querían ver sufrir a los indígenas tomados prisioneros y hasta les daban sus ropas como abrigos. 

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"Indios amigos" con sus lanzas. Choele Choel. Indios de Linares. Antonio Pozzo. Museo Roca – Instituto de Investigaciones Históricas.

Entonces ¿De qué hablamos cuando hablamos de fronteras? 

    Es importante alejarnos de la idea clásica de una “frontera de guerra” o un muro que separaba personas. La frontera era más bien una “zona de contacto” permeable y de fluida co-presencia, donde se entablaban múltiples relaciones que oscilaban entre enfrentamientos y alianzas; tensiones y negociaciones de paz, tanto entre el mundo indígena y el hispano-criollo como entre los distintos grupos indígenas. 

    La actividad diplomática era muy común en aquellas épocas. Era un recurso de “establecimiento de la paz”, a través del otorgamiento periódico de recursos alimenticios, pago de sueldos, intercambio de cautivos y cargos otorgados a los caciques. Todo esto colaboró a generar cierta dependencia económica de los indígenas respecto al Estado argentino, lo cual contribuyó a su debilitamiento político.

    En próximas publicaciones iremos profundizando sobre estas cuestiones, focalizando en las relaciones comerciales y los tratados de paz entablados en la frontera pampa-patagonia, como en las características de los distintos actores sociales involucrados.

    Si quieren profundizar más acerca de la historia de fronteras, les recomendamos la lectura de Raúl Mandrini Indios y fronteras en el área pampeana (siglos XVI-XIX). Balance y perspectivas”, Anuario del IEHS y de Enrique Mases “Estado y cuestión indígena. El destino final de los indios sometidos en el sur del territorio (1878-1910)” Bs As, Prometeo.